Unión Nacional Sinarquista

Por un México más justo y humano

El reto de alimentarnos *Manuel Gómez Granados

 

Mucho se habla en México de los retos que enfrentaremos en 2016. Si alguien le apostaba a que las reformas estructurales, especialmente la petrolera, fueran a resolver los problemas que vivimos, la realidad de la sobreabundancia de crudo en los mercados internacionales se ha encargado de mostrarnos que no será así.

 

Lejos de ello, surgen nuevas preguntas: ¿algún día impondremos algún límite a nuestra dependencia alimentaria que en la actualidad nos lleva a comprar fuera cuatro de cada diez kilos de alimentos? ¿Qué haremos para enfrentar los precios al alza de alimentos y otros productos agropecuarios en los mercados internacionales? ¿Venderemos petróleo cada vez más barato para comprar alimentos cada vez más caros? ¿Seguiremos dependiendo de la importación de alimentos? Todo parece indicar que sí, por la miopía de los políticos.

 

Parte del problema es que dependemos mucho del exterior, pero también que tenemos muchos pequeños productores, que en gran parte producen para el autoconsumo, sin esperanza alguna de irse a una ciudad donde pudieran encontrar empleos en el sector industrial o de servicios, ni de quedarse a explotar sus pequeñas propiedades en condiciones dignas.

 

El mapa de la producción agropecuaria en México refleja las desigualdades que existen en otros ámbitos. Setenta por ciento de los productores son minifundista con terrenos menores a cinco hectáreas, que difícilmente sostienen a una familia. Una quinta parte, 20%, tienen extensiones de cuatro a 20 hectáreas, dedicadas mayormente al autoconsumo con pequeños excedentes para los mercados locales. Sólo uno de cada diez productores es empresario, capaz de canalizar sus productos a mercados nacionales o internacionales. Los pequeños productores difícilmente tienen acceso a crédito, semillas mejoradas y nuevas tecnologías. Por ello, los mexicanos que viven en zonas rurales, apenas sobreviven al emplearse en sectores diferentes al agropecuario, en condiciones tan difíciles que hacen imposible que sus hijos asistan a la escuela.

 

Y lo peor es que, ante esa realidad, el Poder Ejecutivo proponga al Congreso reducir casi una quinta parte (18 mil millones de pesos) del presupuesto para la producción agropecuaria. Como quedó en 2015, la inversión agropecuaria representa poco menos de 1% del PIB. La producción agropecuaria apenas representa 3% del PIB. Esas cifras no reflejan una transición positiva, pues —en promedio— el PIB agropecuario representa una tercera parte del PIB total en la región OCDE. Si el PIB agropecuario mexicano fuera equivalente a 10% del PIB nacional, lograríamos un gran avance. ¿Qué debemos hacer? Esa es la pregunta que la Unión Nacional de Organizaciones Productivas Ciudadanas (Unoproc) trata de responder.

 

Unoproc es una organización con presencia en 20 entidades de México, que busca desarrollar sistemas de producción que aseguren la comercialización de los productos. Un ejemplo de los beneficios de este modelo lo ofrece don Miguel Ángel Díaz Díaz, habitante del municipio de Acala, Chiapas. De él dependen seis personas. Si él insistiera en producir maíz para autoconsumo, como ha sido la tradición ancestral en Acala, sería difícil sobrevivir, pues los costos de producción son muy altos. Uno de los mayores problemas es que carece de mercado seguro para vender el producto. A ello, se añaden riesgos, como las variaciones en la temporada de lluvias, por lo que muchos productores ni siquiera recuperan los costos de inversión.

 

Gracias a la gestión de Unoproc, se logró coordinar en Chiapas la siembra de diez mil hectáreas, para producir semilla de calabaza, las pepitas que sirven lo mismo para hacer pipián que para hacer botanas, con un contrato de producción que garantiza la distribución a los productores con un precio de mercado de 20 mil pesos por tonelada, que con el costo de producción de seis mil 800 pesos, permite una utilidad de 13 mil 200 pesos por tonelada, además de derivados como la flor, que se vende a diez pesos el manojo y la pulpa, que tiene gran cantidad de usos, desde jabones hasta harinas. Con ese modelo, los productores podrán mejorar sus condiciones de vida. Este modelo, empresario-productor, permitirá mejorar la productividad, minimizar la intermediación y fortalecer a las comunidades.

 

Urge que los legisladores se informen y consideren seriamente las medidas a tomar en las próximas semanas. Más que recortar, habría que aumentar el presupuesto y mejorar la calidad del gasto: facilitar la capacitación y adopción de nuevas tecnologías para mejorar la producción y la distribución, eliminar monopolios, cuellos de botella en el acopio y la distribución de las cosechas gracias a los contratos de venta, erradicar, tanto los trámites innecesarios como el enfoque clientelar de muchos de los programas de desarrollo social y de mejora agropecuaria.

 

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Esta entrada fue publicada el 1 diciembre, 2015 por en ARTÍCULOS, Sin categoría.
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