Unión Nacional Sinarquista

Por un México más justo y humano

Voltear a ver a Guatemala

Voltear a ver 
a Guatemala

Manuel Gómez Granados.

 

La actitud del mexicano promedio hacia Guatemala y América Central suele ir de la condescendencia al racismo. Sea en el futbol o en cosas serias, nuestra actitud de “hermanos mayores” es tan pedante como insufrible una vez que se cruza el Suchiate y, lo que es peor, es una actitud que combinamos con la tortícolis que nos hace ver con fascinación morbosa lo que ocurre en Estados Unidos y olvidarnos de lo que pasa en el sur. Eso tendría que cambiar.

 

En estas últimas dos semanas, Guatemala ha sido el epicentro de uno de los más importantes cambios en la historia reciente de América Latina. Y no, no es sólo porque la vicepresidenta Roxana Baldetti renunció o porque, incluso, la Procuraduría General de la Nación le ha pedido a Otto Pérez, actual Presidente, que se separe del cargo. La historia de Guatemala y América Central está llena de renuncias de presidentes que terminaron en crisis políticas que ensangrentaron esos territorios. Es la manera en que se forzó la renuncia de la señora Baldetti y la forma en que se ha configurado la que parece ser, al momento de redactar estas líneas, la inminente renuncia de Pérez Molina.

 

A ambos, entre otros muchos funcionarios públicos, se les acusa de formar parte de un grupo criminal conocido como La Línea que utilizaba al sistema de aduanas para, por una parte, saquear a la hacienda pública y, por la otra, exigir pagos, similares a la extorsión, a los empresarios que deseaban importar bienes o mercancías.

 

Y lo importante no es que haya habido rumores, denuncias e, incluso, evidencia concreta de corrupción que tocaran directamente al Presidente y sus cercanos. Esas abundan en América Latina, e, incluso, causaron en Chile una abrupta renuncia masiva del gabinete de la presidenta Michelle Bachelet. Algo que ha hecho diferente a Guatemala es que, además de los rumores y las denuncias, se contó con la participación de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG). Esta comisión fue creada el 12 de diciembre de 2006 y ha impulsado una muy profunda transformación de las instituciones de procuración y administración de justicia.

 

Originalmente, la CICIG tenía como propósito “apoyar al Ministerio Público, la Policía Nacional Civil y a otras instituciones del Estado, tanto en la investigación de los delitos cometidos por integrantes de los cuerpos ilegales de seguridad y aparatos clandestinos de seguridad, como en general en las acciones que tiendan al desmantelamiento de estos grupos”. El trabajo de la CICIG con sus contrapartes guatemaltecas cristalizó en la reforma constitucional de noviembre de 2011 (el contenido de la reforma se puede consultar aquí: http://www.cicig.org/index.php?page=reforma_constitucional).

 

La historia que explica cómo es que el combate a los cuerpos ilegales de seguridad y la corrupción en las más altas esferas del poder público es compleja, pero no es difícil darse cuenta que ambos fenómenos se alimentan mutuamente. El Estado es incapaz de ofrecer servicios de seguridad pública porque carece de recursos. Carece de los recursos porque los funcionarios saquean el erario. Para saquear necesitan amplios márgenes de discrecionalidad en el manejo de los recursos públicos, complicidad con los agentes económicos e impunidad respecto de sus actos.

 

El trabajo de CICIG se tradujo en una transformación que, luego de nueve años, puede decirse que ha sido radical de las policías, del Ministerio Público y del Poder Judicial guatemaltecos que hizo insostenible el modelo de saqueo de recursos públicos que La Línea realizaba.

 

Además, del trabajo de CICIG, un elemento importante para comprender lo que ocurre en estos días en Guatemala es la ruptura que ocurrió en las relaciones entre las élites de la política y las de la economía, la educación e, incluso, las de la religión. Lejos de defender y preservar mutuamente sus privilegios, los empresarios, académicos y obispos han criticado severamente las actitudes de Pérez Molina y sus cercanos. Quienes rompieron primero el silencio fueron los empresarios, hartos de pagar extorsiones en las aduanas. Luego de ellos, otros —incluido el arzobispo de Guatemala— han hecho llamados a acabar con la corrupción que está en el núcleo de los problemas que afectan a nuestros vecinos.

 

El ejemplo está ahí. Quienes siempre usan a “la cultura” como pretexto para no cambiar encontrarán difícilmente un país con una cultura más similar a la de México que, a pesar de ello, haya decidido romper con la corrupción e impulsar un modelo de desarrollo sensato y balanceado que, inevitablemente, pasa por evitar abusos y corrupción y por garantizar la justicia para todos.

 

Al redactar estas líneas, no se sabe en qué momento será posible que el congreso guatemalteco inicie el proceso de desafuero de Pérez Molina o si, en el ocaso de su administración, renunciará al cargo.

 

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Esta entrada fue publicada el 15 septiembre, 2015 por en ARTÍCULOS.
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