Unión Nacional Sinarquista

Por un México más justo y humano

Bergoglio en Cuba 
y Estados Unidos

Bergoglio en Cuba 
y Estados Unidos

Manuel Gómez Granados

 

Justo en una semana, el 19 de septiembre, el papa Francisco arribará a las cuatro de la tarde al Aeropuerto Internacional de La Habana

 

Durante tres días, el pontífice recorrerá la capital cubana, así como las ciudades de Holguín y Santiago, de donde partirá el martes 22 de septiembre a Washington, D.C., lugar al que llegará también al sonar las cuatro de la tarde y de donde partirá a Nueva York, primero, y luego a Filadelfia hasta completar ocho días de viaje por dos países que, gracias a los oficios del papa Bergoglio, han restaurado relaciones y se encuentran en la ruta de una reconciliación que se sabe difícil.

 

Sin embargo, sería ingenuo suponer que la presencia constante del antiguo arzobispo de Buenos Aires en los medios de comunicación, comerciales o confesionales se debe sólo a la importancia de las visitas pastorales a esos dos países. Todo lo contrario. El Papa ha sostenido desde que publicó la encíclica Laudato si, sobre el cuidado de la casa común, un muy intenso ritmo de trabajo que incluyó otros dos viajes por Europa y América Latina, así como los trabajos para erradicar el abuso sexual en la Iglesia, que continúan avanzando, aunque esos avances sean más notables en los países de habla inglesa que en los de habla española.

 

Además, en fechas recientes, el Papa anunció una de las más importantes reformas en la historia de la Iglesia al desmontar el sistema que hacía posible declarar nulos los matrimonios celebrados en condiciones contrarias a lo que establecen las normas de la Iglesia. Bergoglio borró un modelo vigente durante 300 años que centralizaba en la Curia Romana la decisión final sobre la validez de los matrimonios. Lejos de arrogarse mayor poder, Bergoglio transfirió facultades a los obispos, que serán, a partir de diciembre, quienes tengan la última palabra sobre la validez de un matrimonio.

 

La generosidad del papa Bergoglio no ha pasado desapercibida para la derecha recalcitrante. El cardenal Raymond Burke, cabeza visible de un movimiento abiertamente enfrentado con Francisco, ha intensificado su presencia pública para insistir en que es necesario vigilarle las manos a Bergoglio. Lo dice sin reconocer que el Papa —a pesar de poder hacerlo— no ha buscado concentrar más poder en sus manos. Todo lo contrario: ha renunciado a él. La renuncia a facultades implica un desmentido a las calumnias que los grupos que simpatizan con Burke lanzan todos los días contra Francisco. Contra el pontífice se dice que quiere imponer un solo modelo más “liberal” para toda la Iglesia a escala global.

 

Los motu proprio que Francisco firmó el lunes de esta semana hacen todo lo contrario. Inspirados en una lógica de verdadera fraternidad y colegialidad, el pontífice reconoce a los obispos de todo el mundo como sus pares y les da la autoridad para decidir qué harán con las solicitudes que reciban para declarar nulo un matrimonio. Lo que es más, en sentido contrario a lo que muchas críticas de mala fe al Papa dicen, Francisco reafirma la indisolubilidad del matrimonio legítimamente contraído y consumado, pero reconoce que no siempre se cumplen con todos los requisitos para que un matrimonio religioso sea válido y hace más expeditos los procesos para revisar la validez de esos matrimonios. Y las únicas condiciones que el Papa fija para esta importante transferencia de facultades de la Curia Roma a las curias diocesanas, es que los servicios deben ser gratuitos, de modo que contar o no con DINERO no sea pretexto para prolongar una situación indeseable y potencialmente peligrosa para las personas involucradas, especialmente las mujeres, y que sean expeditos. Esto implica un cambio muy importante en la dinámica que los obispos deberán construir con sus diócesis. Los obispos inteligentes comprenderán que estas tareas no podrán asumirlas ellos u otros sacerdotes. Tendrán que rodearse de personas que les puedan asistir para asumir esta responsabilidad y será necesario que en los tribunales eclesiásticos haya una mayor presencia de laicos.

 

En este sentido, no sería difícil que la gira del Papa por Cuba y Estados Unidos estuviera dominada por el mismo ánimo de reforma que trata de hacer que la Iglesia sea una realidad más cercana a la vida de millones de personas que acumulan ya demasiadas exclusiones por causas económicas, políticas, étnicas o de otro tipo. En La Habana o en Harlem, en Holguín lo mismo que en Filadelfia, el mensaje de Francisco será consistente con la necesidad de construir una Iglesia que no actúe en la lógica de la exclusión, la lógica de las sectas; una Iglesia que esté al servicio de los más necesitados y que sepa ser la voz de quienes no tengan voz. Y lo más interesante es que toda esta actividad apenas será el prólogo del Sínodo sobre la Familia que habrá de celebrarse en octubre.

 

manuelggranados@gmail.com

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Esta entrada fue publicada el 15 septiembre, 2015 por en ARTÍCULOS.
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