Unión Nacional Sinarquista

Por un México más justo y humano

Salario mínimo digno

Como cada año la Comisión de Salarios Mínimos de México calcula lo que considera el incremento posible en el salario de los trabajadores de nuestro país en las diferentes zonas geográficas.

Este incremento, de varios años atrás, ha sido de aproximadamente un poco más del 4% respecto del año anterior, que traducido en dinero representa menos de tres pesos. El incremento para este año alcanzó la cantidad de 60.5 pesos diarios (7.5 pesos por hora de trabajo), que si los multiplicamos por 30 (días de trabajo de un mes) nos resulta 1,815 pesos aproximadamente.

Nuestra Constitución Política dice en su artículo 123, fracción VI que: “Los salarios mínimos generales deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos”.

¿Qué implicaciones tiene esto en la vida del trabajador? Pongamos por ejemplo el costo de algún producto de la canasta básica, de estos que son considerados como de primera necesidad. Hablemos de la tortilla, que dicho sea de paso se trata de un producto que no sólo es de primera necesidad sino que tiene un valor de identidad para el mexicano. El precio  de este producto ha aumentado  mucho más que el 4%, en este momento la tortilla cuesta de 11.5 hasta 14.5 pesos el kilogramo, es decir, al aumento del salario mínimo sólo alcanza para comprar 250 gramos más de tortillas. Ya ni hablar de los demás productos de la canasta básica.

La concepción de salario mínimo implica, como dice la Constitución de México, la posibilidad de que con este salario se logra tener un estilo de vida decente, cierto, sin ninguna clase de lujos, pero con los elementos indispensables para vivir dignamente.

Es evidente que con este salario no es posible una vida decente. Ya los obispos de México en su carta pastoral Que en Cristo Nuestra Paz, México Tenga Vida Digna en su número 28 advierten que el desempleo y los bajos salarios, entre otras causas, exponen a la violencia a las personas. Algunos para cubrir sus necesidades más básicas se involucran en acciones delictivas con la esperanza de conseguir por estas vías un estilo de vida que por otros medios no alcanzarían, o bien, se dedican al comercio informal que por lo menos, genera mayor desigualdad en las relaciones comerciales porque el gobierno deja de percibir impuestos, pero además, la mayoría de estas personas carecen de servicios de salud y seguridad social.

Es cierto que no se puede determinar el incremento del salario mínimo en porcentajes extraordinarios, los empleadores inmediatamente argumentarían que no los pueden pagar y como consecuencia vendrían los despidos masivos. Sin embargo, queremos hacer evidente que la estructura económica en la que vive nuestro país, no está siendo capaz de hacer respetar a su propia Constitución.

El salario justo, como lo explica el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia en su número 302, “…debe permitir al hombre y a su familia una vida digna en el plano material, social, cultural y espiritual…”. ¿Acaso no son las mismas palabras de las que habla nuestra Constitución?

No habrá forma de conseguir este ideal si los padres deben salir a trabajar gran parte de su día dejando a los hijos al cuidado de otros familiares, promoviendo con esto que el núcleo familiar se debilite.

Y como lo indica el Compendio del DSI la vida digna no sólo se consigue a partir de la obtención de bienes materiales, es necesario tener la posibilidad de desarrollar las habilidades y gustos culturales, de tener tiempo y espacio para desarrollar las necesidades espirituales, en fin, una vida digna es integral, pero cuando el sueldo que un trabajador tiene es insuficiente para siquiera la superviviencia, hablar de lo demás se convierte en algo ocioso.

Proponemos revisar el modelo económico neoliberal, empezando por promover poco a poco modelos mucho más coherentes con la dignidad del hombre, como la economía solidaria promoviendo en las personas, espacios de verdadero desarrollo y bienestar, especialmente del bienestar común.

Pastoral del Trabajo

CEPS

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Esta entrada fue publicada el 18 enero, 2014 por en PROMOCIÓN DEL TRABAJO DIGNO.
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